Valencia 2 – 1 Real Betis (1×1) Loren se reivindica por encima de los caprichos

Fotografía: Twitter Real Betis Balompié.

Joel (3). Nadie discute que el tanto de Gameiro es un golazo. Lo que preocupa es la sensación (por no decir la certeza) de que cualquier tiro que vaya entre palos acaba en gol. Ni una sola parada de mérito y, de nuevo, sensación de inseguridad ante sus compañeros.

Emerson (5). Como el equipo, fue de más a menos. Cumplió en defensa, pero no se prodigó excesivamente en ataque. A su favor, es necesario reseñar que tuvo enfrente al mejor futbolista del Valencia en la tarde de hoy: José Luis Gayá.

Mandi (2). Desastroso e injustificable partido del defensa argelino. Sin la protección de Bartra, el jugador de francés mostró sus vergüenzas y evidenció que se encuentra en su peor momento de las últimas tres temporadas. A día de hoy, parece el central menos en forma de la plantilla.

Édgar (6). A nadie se le escapa que, en términos defensivos, el equipo carbura mucho mejor cuando el canterano ejerce de bisagra entre los centrales y el medio campo. O quizás a Rubi, que lo sacó del césped para dar entrada a Aleñá. A partir de ahí, cundió la anarquía y el equipo se cayó. Casualidad, tal vez.

Sidnei (7). Volvía al equipo por la sanción de Bartra –y la presumible marcha de Feddal- y fue, con diferencia, el mejor de toda la línea defensiva. Su ostracismo sólo ha de entenderse como otro pecado imputable a Rubi.

Álex Moreno (4). No es la primera vez que se dice, pero la baja prolongada de Pedraza le está cargando de una cantidad de minutos que se antoja desproporcionada de acuerdo a su rendimiento más reciente. Irregular una vez más.

Guardado (5). Volvía al once tras su lesión y, aunque acusó notablemente la inactividad y cometió algún error en el pase, equilibró al equipo mientras le aguantaron las fuerzas.

Canales (6). No se le puede reprochar el trabajo, pero sí cierta inconsistencia en las últimas jornadas. Los bajones del equipo siempre coinciden con los momentos en los que el cántabro está menos acertado.

Fekir (7). El mejor del equipo jornada tras jornada. No se le puede pedir más a un futbolista estratosférico al que los malos resultados y la preocupante irregularidad de sus compañeros le están frustrando en todos los sentidos.

Joaquín (5). Partido sin excesivo brillo del capitán, que luchó y generó peligro, aunque sin la suerte que sí le acompaña en el Villamarín. Con todo, queda la sensación de que Rubi le retiró del campo demasiado pronto.

Borja Iglesias (0). Se antoja difícil puntuar a alguien que no pareció haber viajado a Valencia. Y el Panda, aunque sea increíble y muy injusto para Loren, estuvo 90 minutos sobre el campo. Su partido fue un auténtico bochorno, comparable únicamente al precio que se pagó por su traspaso.

Tello (4). Enésima oportunidad perdida para reivindicarse. Al poco de saltar un campo, tuvo una buena acción en la banda que Borja Iglesias no pudo, no supo o no quiso rematar. Ahí acabó su partido.

Aleñá (4). Entró poco después del gol de Valencia y, si bien el Betis ya parecía fuera del partido, el centrocampista catalán tampoco fue capaz de reconducirlo. Muy poco para un futbolista del que se sigue esperando mucho más.

Loren (9). Independientemente de la fe que Rubi profese a Borja Iglesias o del coste que la directiva tuviera a bien abonar por su traspaso, no hay una sola razón deportiva, ni una sola, que justifique la disparidad de tratamiento entre Loren y el gallego. Incluso en la derrota, Rubi no le dio entrada hasta el minuto 80 de partido, pese a las luminosas señales que indicaban que, en muchos tramos del encuentro, la única pieza que el Betis necesitaba tocar era la delantera. Ni aun así. En esos diez minutos, el marbellí recuperó tres balones que acabaron en ocasión de gol, una de ellas materializada por él mismo. Si ya dijimos en valoraciones anteriores que su suplencia había pasado de injusta a ilógica, hoy la situación ha alcanzado la categoría de indignante. Ya no es que la actuación de Loren deje mal a Borja Iglesias. Es que, probablemente, le acabe costando el puesto a un Rubi empeñado en anteponer sus caprichos a los caminos que llevan a la victoria.

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