El niño bético

Afición
Un jovenzuelo agarra con firmeza una bufanda bética en instantes previos al encuentro Real Betis-Sevilla FC| Foto vía Fran Santiago

Perdedor. Hasta la eternidad. Uno de los últimos dieciséis derbis en casa lo ganó el Betis. Nueve de los últimos cincuenta derbis los ganó el Betis. Un niño, como el que os escribe este pequeño y doloroso relato, nacido en el año uno de este siglo, ha visto ganar al Betis en siete de cuarenta y tres derbis. Visto así no parece ni tanto. Creedme que sí lo es.

Qué depravada costumbre tiene el Real Betis por bandera. De rodillas, entrega la espada que ahonda en las ilusiones más profundas del niño. «Niño, no te preocupes que el siguiente ya os tocará ganarlo a vosotros», dicen las madres a sus verdiblancos retoños. A una madre, que le duele ver a su hijo agachar la cabeza casi tanto como le duele a ese vástago ver a su equipo agacharla. Se arrastra. Ante el eterno rival siempre se arrastra. Sabes que va a pasar. «Tragar saliva amarga y seguir», decía ayer Toni Doblas tras el pitido final. Toni, el niño con tanto derbi está atragantado ya.

El Betis, de ruán

No salieron nazarenos para acompañar a Jesús del Gran Poder el pasado sábado. Atípico. Al señor, que cada ‘Madrugá’ inunda Sevilla de silencio, y que por hábito lo acompañan dos mil hermanos con antifaces nazarenos, de penitentes, color ruán, lo vio Sevilla andar sin ellos. También fue atípico que ‘Roma’ le tocase a su paso por el centro de la ciudad hispalense, cuando tradicionalmente su camino hacia el ‘Calvario’ va acompañado de un respetuoso silencio. Ya, chiquillo, es que el ruán había que guardarlo para el día siguiente. Qué más penitencia que la que causa un derbi para un niño bético. De ‘Roma’, casualmente, viene el culpable de las pesadillas de esas noches para el niño. Sí, bético. Sí, Ramón Rodríguez Verdejo. Sí, Monchi. En silencio quedó el Villamarín. En silencio quedó el niño.

«Mi equipo no hizo un buen partido para rematar una semana negra», dijo Pellegrini al término del partido. ¿Negra? De ruán, Manuel. Se tropezó tu equipo en Madrid. La caída fue tan gorda que fue a parar hasta Alemania. Y fíjate tú por donde, en tu casa, donde a priori mamá te iba a cuidar, llegó papá y te pisó. Sí niño, otra vez mamá por detrás de papá. Un poco machista. Bastante diría yo. He sido cruel. Pero más crueles son ellos contigo, niño. A nadie le importa que a ese niño, que solo quería reírse de su profesora de religión en el colegio, la ‘palangana’, solo terminase siendo el hazmerreír. Fíjate bien, que para una vez que se quiso reír con el derbi del ‘Beñatazo’ en el 90′, siendo el partido a final de curso, el siguiente lo arrancase con una ‘manita’ de vuelta en noviembre. Bueno, más bien que manita, fue un manotazo. «Pa’ una vez que me río…» ¡Por arrogante niño! Lo que tiene que aguantar el niño. «Cuando se crea mucha ilusión, después la frustración es más grande«, expresó justo después el técnico verdiblanco.  Díselo al niño, Manuel. Ese niño que tantas desilusiones ha vivido en sus propias carnes. El niño, cuando tú fuiste a comprar chicles, volvía ya haciendo pompas. Ya sabe lo que hay. Pobre niño.

Nacidos para dominar Sevilla

Lo que tuvo que aguantar el pobre niño. Él, qué nada más pedía un partido ganado de «su Betis». Él, que soportó todas y cada una de las crueles frases que sus titos, abuelos, amigos, profesores, y hasta aquella familia rojiblanca del estanco le arremetían. «El equipo del ascensor». No era ya bastante ver a su equipo en segunda. «Nadie conoce al Betis porque es un perdedor», le decían en las jornadas intersemanales cuando los de la «acera de enfrente» se paseaban por los estadios europeos. No tenía bastante el niño con tan siquiera acordarse del último desfile por el ‘Viejo Continente’ de su equipo. Si tenía cuatro años, de qué se va a acordar.

Con amor propio respondía el niño. ¿Nacidos para dominar Sevilla? Sí, pues espérate que mañana te vas a encontrar el colegio de niños béticos. Orgullosos. ¿De qué?, te preguntarás. Será que no nació el día, que agarrando tu bandera, no encontrara la alegría. Será, que ese niño tuviese más pasión que razones. Será que no hay condena que pueda con esta pasión. Será que el niño, desde siempre, te vio campeón.

Manquepierda

Perdedor. Hasta la eternidad. El niño tiene ya veinte años. El niño, que tiene a su equipo en UEFA y quinto en LaLiga, está con su equipo. Hasta la eternidad. No es inconformismo. Créeme, no le falta exigencia. El niño quiere a su equipo igual que tú. El niño, aún dolido, también se durmió anoche con la verdiblanca arropándole el hecho trizas, corazón. Como antaño. Porque le duele, pero no lo suelta. Su padre le enseñó que hay que estar siempre. Y ahora, que es cuando más lo necesita, no va a fallar. Sí, el niño ya piensa en el Elche. Sí, el niño ya piensa en el 27 de febrero. Está loco. Loco de la cabeza. Si tu no lo puedes sentir, pobrecito de ti, pero el niño, en la amarga derrota, con el alma rota, ha podido ya comprobar, que el cariño, que nació le de niño, le acompañaría hasta la eternidad. Perdedor. Manquepierda.

Ivan Diaz

Estudiante de Periodismo en la Universidad de Sevilla. "El fútbol que se lee".

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