Niños Grandes

Canales Fekir Betis
Sergio Canales y Nabil Fekir of Real Betis celebran juntos en el césped del Estadio Benito Villamarin tras derrotar al Sevilla FC.| Foto de Fran Santiago/Getty Images

Dmitri Shostakóvich, un compositor ruso, de esos que componían a las mil maravillas digo yo, dejó una célebre máxima un día: «El fútbol es el ballet de las masas». A vuestras cuestiones mentales os digo, que al igual que cuando oí por primera vez su nombre en unas líneas de la ilustre gaceta «Panenka», tan solo mientras redacto este suelto vuelvo a darle al play a la lista de «This is Shostakovich» . Quizás no vuelva a escuchar ninguna de sus piezas nunca jamás, pero estas las voy a disfrutar como los disfrutamos a ellos, como niños.

Cuando estuve en el «Louvre», con mis pocos conocimientos artísticos, os digo que me cabía allí un palio. Estaba completamente seguro. Más lo estoy ahora de que injusto sería si Nabil, galo de la antigua Galia, no tiene una mención «post mortem» bajo esas pirámides cristalinas. Por antonomasia, en la antiquísima Hispalis se reconoce el arte, de la misma manera que en el Benito Villamarín se reconocen a los grandes genios balompédicos. Lo dice Sergio, la batuta cántabra, Canales sobre su compañero de vestuarios: » Es un jugador por el que pagas una entrada». No lo sabes tú bien, Sergio. «No soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme», podría decirle cualquiera de los allí presente tras el saque de esquina. Sonaban violines mientras ese balón acariciaba el aire. ¿Cómo osaste a cometer tal atropelía? Ese gol fue toda una desfachatez. Una obra de arte, merecedora de piezas sinfónicas, esculturas e incluso pinturas rupestres. No sé lo que digo, Fekir no solo dejó al Guardián de Nervión descolocado.

Dejando atrás el fin de semana, clasificados ya para Cuartos de Final, y con San Petersburgo esperando para finales de febrero, los verdiblancos siguen su rumbo afrontando de primeras los duelos ligueros. Transmiten ambición, exigencia y, sobre todo, espectáculo. Guardan en su interior un hambre de victorias que aflora por sus poros, y que llevan a cabo con actuaciones de ensueño. Juegan para ganar, sin quitarle ningún ápice a ninguno de los dos conceptos. Hoy, tras varios tropiezos consecutivos, Mendilibar planta sus tropas en el césped del Villamarín. Los de Pellegrini, en el tercer peldaño de una escalera que hicieron temblar Marcelino y Coudet, tienen una estructura cimentada. Si bien «un punto de nueve es poco», no lo digo yo, lo dice Pellegrini.

Pase lo que pase en el encuentro de hoy, (Nabil quiera que sea una victoria), en la presente temporada, el Betis de Manuel Pellegrini está desarrollando una obra maestra, mediante algo que es solo un juego de críos. Yo los veo sonreír. No sé que les dirá el chileno antes de cada partido, pero andaré en lo cierto si expreso que no andará muy lejos del «salid y disfrutad» de Johan Cruyff. ¿Esa sonrisa picarona de Nabil cada vez que arma la suya con el balón? Soy de esos que dicen que los buenos artistas, como los béticos, nacen y no se hacen. Traen el talento de la cuna. Se levantan un día y con suerte coinciden con una actividad en la que son muy buenos. Yo a lo mejor soy bueno encontrando dinosaurios, pero como todavía no he visto ninguno… Fekir sí. No digo que fuese bueno buscándolos, pero viéndolo jugar a eso de la pelotita, si se pone los encuentra.

A partir de hoy, Shostakóvich me acompañará en mis recuerdos, como lo hará el genio de Fekir el día que deje de vestir esta camiseta. Para entonces, el Betis habrá llevado alguna que otra vez el símbolo del «balón estrellado» en la mejilla de su camiseta. Para ese día, habrá arrancado millares de aplausos en verde y blanco. Para ese momento, guardaremos las corbatas que nunca nos pusimos pero que tanto mereció este niño grande con cada exhibición. Fekir, a disfrutar. Pellegrini, a por Mendilibar. Béticos, a soñar.

Ivan Diaz

Estudiante de Periodismo en la Universidad de Sevilla. "El fútbol que se lee".

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